
La actitud es también una aptitud, aprender para desaprender y sustancialmente para mejorar, equivale a generar tiempos y espacios de saludables causas-efectos en la sociedad. El desaparecido Bigotón Azkargorta afirmó con lógica de psicólogo internacional que Bolivia es un país difícil de entender, pero imposible de olvidar. Una de las principales complejidades que se respira es la educación, precaria, politizada y anacrónica. Reflejada con insípida elocuencia en la cotidianidad de la convivencia, no agrada el respeto, la disciplina, comportamiento y menos el compromiso con reglas. Estamos mal acostumbrados a la anarquía individualista, primero nosotros así sea en desorden y con nada de empatía.
Las escuelas bolivianas educan en base a materias específicas, sin embargo; no enseñan a desarrollar el carácter apropiado, donde las normativas, el orden y la correlación son vitales para hacer posible una vida armónica en base a derechos y obligaciones.
En Bolivia por ejemplo, no se prioriza la enseñanza de compromiso, por ello experimentamos la ley del mínimo esfuerzo, en el que "métele no más" parece ser un mandato por más contraproducente que sea.
Por ejemplo: Los encargados de limpieza, mantenimiento y arreglo de carreteras de la A.B.C. tienen un horario tan flexible que por ausencia de control, tienen el libre albedrío de trabajar por dos a tres días como promedio. Llegan al punto asignado a las 9:00, se preparan por media hora, desayunan por otra media hora, hacen digestión en base a conversación, chatean también por otros 30 minutos, laboran de 11:00 a 12:00, luego es tiempo de almuerzo que se extiende por otras tres horas aproximadamente, reinician la faena vespertina a las 16:00 y hasta las 17:00, hora de irse a casa. El trabajo es exigente, a pleno sol, en su descargo reclaman salarios devengados por varios meses, sobre todo por la anterior gestión del MAS.
Las obras además dejan insatisfechos a los transportistas, quienes al volante de sus motorizados evidencian parches donde el empedrado hace protagonismo con los adoquines, la tierra y los baches mal cubiertos. Las básicas reparaciones además duran algunos o varios días, de acuerdo a la predisposición o voluntad de los trabajadores entre damas y varones sin supervisores.
Hace unos días leí una información que elogiaba la capacidad técnica de China, los obreros de las rutas lograron reponer una carretera deteriorada por incidencias e inclemencias climatológicas, repusieron la capa asfáltica, bermas, alcantarillas y señalización en 19 horas.
También en el gigante asiático la tecnología logra asentar plataformas flotantes y movibles, en base a sistemas que se arman y desarman como rompecabezas, de ese modo no existe clima, turbiones, ni peligro que impida la circulación y el tránsito.
Una propuesta innovadora que podría utilizarse en el estrecho de Tiquina en el lago Titicaca, pero mientras prosiga la objeción interesada y falta de acuerdos, se continuará empleando barcazas con el peligro que conllevan.
Tuvimos una estrecha relación con China, pero nunca aprovechamos la oportunidad para explotar conocimientos y tecnología, las empresas asiáticas al contrario, llegaron para explotar nuestros recursos, incrementar la deuda externa, y sobre todo hipotecar Bolivia.
A diferencia de niñas y niños chinos, los infantes nacionales no tienen la enseñanza del cuidado, la preservación de su entorno, la disciplina y el respeto por el semejante; de ese modo, proseguiremos en contra ruta camaleónica. De no modificarse la enseñanza, la educación nos hará más incompletos y retrógrados.

QUIQUE FRANCK
Periodista – Escritor
