
Sin definirla como polarización, la elección para un nuevo gobierno refleja una vez más una antípoda qué más que política es regional. Oriente y Occidente tienen percepciones distintas. En las tierras bajas se apuesta más por lo productivo, en las zonas altas se asienta más lo social.
Bajo esa preferencia y/o lógica, Bolivia presenta una dualidad de visión de país. La denominada "Media Luna" registra por la votación una marcada diferencia e inclinación por un programa de gobierno que prioriza la reactivación de la economía como estructura fundamental para salir de la acentuada crisis.
En cambio, Occidente -aunque no de manera genérica - votó más por un sistema social que refuerce beneficios para mejorar la calidad de vida en base a compensaciones como los bonos solidarios.
La inversión, el gasto público y corriente, el déficit fiscal, el aparato estatal, la burocracia, obligaciones tributarias y la deuda tanto interna como externa, son condiciones y exigencias de urgente análisis y corrección, que ambas propuestas de gobierno tendrán que ajustar con premura y pertinencia.
Sin importar que sigla o partido gane la segunda vuelta, siempre y cuando se comprenda que la herencia del M.A.S. no puede ni debe persistir, los correctivos tendrán que ser de inmediata ejecución, el plan de salvaje amerita mano firme frente a reacciones de oposición que derivarán en protestas, bloqueos y paros.
Además, el próximo Estado deberá planificar y proyectar nuevas inversiones para recursos naturales como el gas y el litio. En el caso del oro, modificar normativas y regulaciones que por ahora favorecen mucho más a los extractores que a las arcas nacionales.
Algo que podría coincidir para cualquiera que gane el balotaje, podría ser la característica de gobernabilidad, por ahora Rodrigo Paz tiene en teoría mayores y mejores condiciones por el anunciado y anticipado apoyo de Samuel Doria, ambas fuerzas tendrían un 78.2 % de hegemonía en la Asamblea Legislativa, el disminuido M.A.S. hasta ahora sólo un 9.7% , sin embargo, las bases evistas está acostumbradas al freno y desorden del país como forma taxativa de oposición y debilitamiento.
Aunque se comenta que Rodrigo Paz sólo tiene otra semblanza para que el populismo persista y con él la crisis que tenemos, lo que supondría apoyo y menos confrontación, a diferencia de Tuto Quiroga, de marcada diferencia ideológica con Evo Morales, Tuto poco apegado a la atmósfera social, tendría que imponer el orden y la ley para gobernar sin contratiempos radicales y condicionantes.
Sea cual fuera el próximo mandatario, debería considerar a Morales ya sea para lograr estabilidad y garantía en base a hacer cumplir la justicia, capturar al expresidente, o para darle espacio a cambio de protagonismo, a fin de que no interfiera en la dinámica gubernamental.
Paz es la palabra clave, no por el apellido de Rodrigo, apellido de tradición y vivencia histórica en el poder, el hijo del expresidente Jaime Paz y sobrino de Víctor Paz parece comulgar más con el populismo que con la derecha, al menos en su campaña se apegó más a esa particularidad. Quiroga es más de la derecha selectiva, por no escribir elitista. De ese modo las distancias están generando polos opuestos que Bolivia tiene como desafío a elegir.
En todo caso viviremos un nuevo tiempo no exento de crisis inicial y de ajustes estructurales impostergables. Acomodarnos a las circunstancias para asimilarlas primero y superarlas después tendrá que ser tarea y compromiso de todos.

QUIQUE FRANCK
Periodista - Escritor
Imagen de juego de pulsetas creada con IA de ChatGPT.
