El universo de la moda se encuentra de luto tras el fallecimiento de Giorgio Armani, a los 91 años, en su residencia de Milán. Con su partida se despide uno de los diseñadores más influyentes de las últimas cinco décadas, un hombre que convirtió la elegancia discreta en un estilo de vida y una marca reconocida en todos los rincones del planeta.

Nacido en 1934 en Piacenza, en el norte de Italia, Armani no siguió de inmediato la senda del diseño. Estudió medicina y prestó servicio militar antes de incorporarse al mundo textil. En 1975 fundó su propia firma junto a Sergio Galeotti, y un año después revolucionó la moda femenina al aplicar la misma fluidez y ligereza que había desarrollado para el vestuario masculino.

Sus trajes de líneas suaves, con chaquetas desestructuradas y siluetas limpias, rompieron con la rigidez de la sastrería tradicional. Aquella propuesta marcó el nacimiento de una nueva noción de lujo: sobrio, funcional y atemporal.

Armani no se limitó a vestir a ejecutivos o celebridades. Creó un ecosistema de estilo que abarcó desde la alta costura con Armani Privé hasta líneas accesibles como Emporio Armani. Expandió su sello a perfumes, muebles, restaurantes, hoteles e incluso al deporte, apoyando al baloncesto italiano. Todo ello bajo un principio rector: la coherencia estética y el control creativo absoluto, pues nunca permitió que su empresa perdiera independencia.

El cine se convirtió en uno de sus mayores escaparates. Richard Gere inmortalizó sus trajes en American Gigoló, y posteriormente vistió a actores en producciones como Uno de los nuestros, Casino o El lobo de Wall Street. En total, más de 250 películas contaron con su visión, consolidándolo como el diseñador que mejor supo unir moda y narrativa audiovisual.

El adiós a un símbolo italiano

Armani falleció el 4 de septiembre de 2025, semanas antes de la celebración por el 50.º aniversario de su firma. En junio, problemas de salud ya lo habían mantenido alejado de la pasarela masculina de Milán, una ausencia inédita en su trayectoria.

Miles de personas acudieron a rendir homenaje en el Teatro Armani, mientras que el funeral se realizó en la intimidad de Rivalta, su pueblo natal, con un cortejo discreto y pétalos de rosas blancas, su flor predilecta.

Armani deja una marca sólida, independiente y con presencia global, pero sobre todo un estilo inconfundible: la sobriedad elevada a arte. Su visión seguirá presente en cada traje, cada perfume y cada espacio que lleve su nombre. Para Italia, y para el mundo, su apellido queda inscrito como sinónimo de elegancia eterna.

 

CRÉDITOS

Redacción: La Paz.

Fotografías: Giorgio Armani

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