La moda en Bolivia no es solo un tema estético o superficial. Es una cadena productiva compleja que genera empleo, rescata saberes ancestrales y busca abrirse paso en un mercado global cada vez más competitivo. Así lo explica Raquel Clouzet, Jefa de la carrera de Diseño y Gestión de la Moda de la Universidad Privada de Santa Cruz de la Sierra (UPSA), en una entrevista exclusiva para nuestro primer programa en Ruta 1825 TV.

“La moda no es vanidad; es una industria que involucra desde los productores de materias primas hasta los comercializadores. Muchas familias en Bolivia viven de ella”, afirmó Clouzet al iniciar la conversación, enmarcada en el bicentenario del país.

A lo largo de los 200 años de historia republicana, Bolivia ha desarrollado una tradición textil única que mezcla lo ancestral con lo contemporáneo. “Nuestra alta costura no tiene 100 ni 200 años. Tiene muchísimo más. Son nuestros tejidos ancestrales, hechos a mano, únicos, con valor simbólico y conceptual”.

Desde los tejidos prehispánicos hasta la incursión en la confección industrial y el diseño de autor, la moda boliviana ha evolucionado. La década de los 80 marcó el ingreso de los primeros diseñadores de alta costura y prêt-à-porter. En el siglo XXI, el desafío se ha ampliado: innovar con tecnología, diversificar la producción y profesionalizar el sector.

La carrera de Diseño y Gestión de la Moda de la UPSA nació en 2004 con una visión integral. “Formamos diseñadores, pero también gestores capaces de trabajar en confección industrial, exportaciones, estudios de mercado y procesos productivos”.

Actualmente, la carrera enseña ocho programas de diseño computarizado que permiten optimizar el uso de materiales bajo criterios como el zero waste. Precisó que “hacer la tizada manualmente es una pérdida de tiempo. Con software especializado, en minutos se logra una disposición perfecta de moldes, lo que eleva la competitividad”.

Obstáculos y oportunidades

Clouzet identificó tres grandes barreras para el desarrollo del sector: la escasa valoración de lo hecho en Bolivia, el bajo acceso a tecnología y una cadena productiva aún incompleta.

“Hay un prejuicio que asocia calidad solo con marcas extranjeras, cuando en realidad en Bolivia hay confecciones de incalculable valor. Muchas veces incluso superiores”, afirmó con énfasis. Y advirtió que “si no logramos vender, difícilmente podremos incorporar tecnología, y eso nos resta competitividad”.

A pesar de las dificultades, Bolivia cuenta con importantes fortalezas: saberes ancestrales, materia prima diversa, mano de obra especializada por región, y una creciente comunidad de diseñadores y gestores formados profesionalmente.

“Tenemos un ecosistema que necesita ser cultivado, regado y cuidado”, dijo. Un ejemplo reciente: estudiantes de la UPSA participaron en la Semana de la Moda de París y, al comparar niveles, se dieron cuenta de que la formación nacional no tiene nada que envidiar. “No lo ves de buen nivel porque tu nivel es superior. Eso es obvio”, reflexionó.

La tendencia global apunta hacia la democratización del lujo: prendas exclusivas, hechas a medida, con valor emocional y cultural. “Lujo ya no es una marca extranjera hecha al por mayor. Lujo es que un diseñador local cree para ti algo único”, concluyó Clouzet.

En su mensaje final, instó a los jóvenes a formarse, a las familias a apoyar, y al público a valorar lo propio: “Compremos cosas bolivianas. Es tan sencillo como elegir un producto nacional en el supermercado. Así crece la industria”.

 

CRÉDITOS

Redacción: Svetlana Salvatierra.

Producción y edición: Ruta1825.

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